miércoles, noviembre 14, 2007

Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus

Os coloco aquí uno de los textos más antiguos y divertidos de los millones que me han llegado al correo o he leido. Aparte de hilarante, me parece realmente ilustrativo de las líneas maestras que se vienen siguiendo hoy en día en las relaciones. Allá va:

Todavía hay gente que tiene sus dudas sobre el hecho palpable de que la cabeza de las mujeres es mil veces más maquiavélica que la de los hombres, mucho más bastos y simples a la hora de las relaciones sociales con los amigos. En las líneas que siguen tenemos la demostración palpable de este hecho inapelable.

(Se encuentran dos mujeres por la calle)

- ¡¡María!! ¿Qué tal? No te había conocido... con ese peinado tan maravilloso que te has puesto...

- Ay, Laurita. Vengo de la pelu ahora mismo. Es que Adolfo es un artista.
- Oye... ¿eso son mechas o es rubio natural?

- Son mechas, boba.

- Pues estás divina. Se te va a comer tu marido en cuanto te vea, que tiene una mujer que no se la merece.

- No seas tonta, que tú sí que estás guapísima. Hija, es que siempre has tenido una clase... ¡Oye! ¡Pero qué bolso más divino! ¿Te lo ha regalado tu Julián?

- ¡Que va! Ése ya no me regala nada. Todo el día viendo el fútbol y tomando cerveza con los amigotes...

- Ah, pues eso sí que no puede ser. Ya le estás diciendo que o te mima más o te vas con algún jovencito del trabajo, que deben de estar partiéndose la cara por ti.

- Ay, que cosas dices. Bueno, mi amor, que a ver si nos vemos, y salimos de compras y a tomar café que nos tenemos que contar muchas cositas...

-Pues claro, cielo. Te llamo la semana que viene sin falta.

- Bueno, preciosa. No te digo que te cuides porque como te cuides más nos vas a dejar a todas a la altura del betún, que estás divina.


Se dan dos besos y un abrazo y se separan.


(
Pensamiento de la primera mujer)

Anda, que lo que se ha hecho en el pelo, la hija de la gran puta... Menudo adefesio. Yo no sé cómo su marido sigue casado con ella, con lo bueno que está. Me cago en su puta madre... las hay que nacen con suerte. Y hay que ver cómo apesta a perfume barato la muy zorra. Ésta no consigue que la violen ni en Alcalá Meco. Siempre ha sido un callo, y además vulgar, que es lo que más me jode.


(Pensamiento de la segunda mujer)


Mira que es mala suerte tener que encontrarme al zorrón éste, con lo mal que me cae. Y se ha superado, la cabrona. Está más fea que nunca. Y menudo bolso. Y menudos zapatos y menudo todo. A saber en qué mercadillo se compra la ropa, la hija de puta, que se cree que tiene veinte años y va haciendo el ridículo por la calle, la muy perra.


(En la otra punta de la ciudad se encuentran dos hombres)


- ¡Coño! Pero si es el tontolculo del Mariano.
- ¿Qué pasa, gilipollas?
- Pues nada, lo de siempre, que cada vez te veo más calvo. Por qué no te compras un peluquín de una puta vez, y dejas de ir dando el cante por la calle con la calva esa, que parece una pista de aterrizaje para ovnis?
- Porque prefiero raparle el coño a tu puta madre, que con los pelánganos que tiene me voy a hacer una peluca que voy a parecer una estrella del rock. Lo malo es el olor, que no veas si le canta la chirla a la hija de puta.
- Ya ves. Como a tu mujer, que cada vez que me la follo me tengo que restregar la polla con Ajax pino.
- Pues te durarán un huevo los botes, porque tu parienta me ha dicho que tienes menos rabo que el hermano pequeno de David el Gnomo.
- Mi parienta no tiene ni puta idea de nada, cabronazo. ¿No ves que fue novia tuya hasta que la metí el pollazo?
- Y menudo favor me hiciste, capullo, que con lo zorra que es... En el instituto se la tiraron hasta los del equipo de ajedrez.
- Bueno, idiota, que me piro. Te veo otro día.
- No si yo te veo antes, mamón. Ala, que te jodan.
- Y tú que lo veas, gilipollas.

Se dan un golpecito en el hombro y se separan
.

(pensamiento del primer hombre)


Joder, cuánto tiempo sin ver al Mariano. Que tío más de puta madre. Y está echo un chaval, el jodío. A ver si le llamo la semana que viene, hombre, que me jode un huevo perder el contacto con tíos como este.


(pensamiento del segundo hombre)


Mira que es majete el cabrón del Antonio. Me descojono con él. Si no fuera con prisa me lo había llevado de cañas. El martes o el miércoles le llamo, y llamo también al Paco, que hace que no nos juntamos, y nos pasamos una tarde de puta madre los tres.


miércoles, octubre 31, 2007

Frases de conductores del metro de Londres (II)

Como algunos lectores recordarán, hace algunos meses me tomé la libertad de traducir algunas de las frases más hilarantes de ese estupendo colectivo que conforma el transporte público sobre railes de la ciudad de Londres. Aquí van algunas más:

- Lo lamento mucho. Me habían comunicado que este tren iba a Richmond, pero el personal de señales ha cambiado de idea y este tren ahora se dirige a Parsons Green.
(cinco minutos después)
- El tren del andén tres no va a Parsons Green sino a Richmond. El tren que se aproxima al andén dos no va tampoco a Parsons Green sino a Ealing Broadway. Estos trenes NO van a Parsons Green a pesar de lo que piensen los de las señales.

- Esto es como un anuncio de televisión. Espero que la persona cercana a usted lleve un buen desodorante.

- No podemos arrancar porque algún capullo tiene su p*** mano atascada en la puerta.

Dos especialmente alegres:
- Esto es Green Park señoras y señores, bienvenidos a Grrreeeen Park. Correspondencia con (...) y con la línea Jubilee si están desesperados. Espero que tengan mucho tiempo si deciden coger esa. Esto es es Grrreeeen Park.

- Buenos días a todos y sean bienvenidos a la línea Waterloo and City en este maravilloso día. Este es su... (pausa)... ehm, tren... servicio... cosa, a Waterloo.
(aproximándose a Bank)
- Bien señoras y señores, veo una luz enfrente mío y creo que es la estación de Bank, lo que está bien ¿no? Personalmente esperaba que fuera Calais. A ver si en otra ocasión hay más suerte ¿eh?

Otras dos clásicas de la línea Waterloo:
- Señoras y señores, nos aproximamos a Waterloo, así que creo que después cogeré el tunel del Canal y pasaré el fin de semana en París.

- Buenas tardes señoras y señores y sean bienvenidos a la línea Waterloo and City. A su derecha, muros negros; a su izquierda muros negros. Disfruten de los maravilloso muros negros mientras llegamos a Waterloo. Nos aproximamos a Waterloo, donde este tren finaliza su servicio. A la salida podrán disfrutar de una copa de champagne y de las bailarinas que danzarán para su entretenimiento. Que pasen un buen fin de semana.

Las esperas son cosa común por allí. Pero hacen lo posible por tomárselo con filosofía:
- Vamos a tener que esperar un poco aquí, así que les recomiendo que relajen las piernas. Tranquilos, no me iré sin ustedes.

- Señoras y señores, me temo que vamos a tener que esperar un poco aquí. Me han comunicado que un ordenador se ha caido de la mesa en alguna parte y que todas las señales han dejado de funcionar, así que me temo que estamos atascados.

De mis preferidos:
- Cambio entre las líneas de "Pictoria" y "Vicadilly".

Lo estupendo que es tener un conductor dicharachero se muestra bien en los dos siguientes ejemplos:
- Bienvenidos a Euston. Pueden cambiar aquí a la línea Northern subiendo las escaleras. Pero ¡hombre, es viernes! De manera que vamos a intentar alegrarnos un poco. Buenas tardes señores viajeros... (pausa)... Se supone que tienen que responderme. Bueno, lo diré otra vez: buenas tardes señores viajeros.
(se oyen unos pocos "buenas tardes" de respuesta)
- Vamos, eso ha sido una porquería, casi no les he oido. Puedo mantener el tren aquí parado todo el día, así que venga, otra vez: buenas tardes señores viajeros.
(en este punto se escucha alto y claro "buenas tardes" en todo el tren)
- ¿Ven como no hace daño? Que pasen un buen fin de semana.

- Este es tren del tramo norte de la linea Victoria. Por favor, muevanse hacia el interior del vagón para permitir subir a más gente. (pausa). Muevanse hacia el interior por favor. Es viernes por la tarde, el fin de semana acaba de empezar y a todos nos gustaría irnos a casa. Muevanse hacia dentro para que todo el mundo pueda entrar al tren por favor. Sé que es un poco incómodo pero quién sabe, tal vez conozcan a un nuevo amigo con el que pasar el fin de semana. Presten atención a las puertas.

Y estos de full british humour:
- Al caballero bromista que acaba de enseñar el trasero le sugeriría apuntarse a un gimnasio o al menos ponerse a dieta antes de volver a mostrarlo en el futuro.

- Cuando el caballero que se encuentra orinando en el andén tres haya terminado, por favor, pida un cubo y una fregona al asistente. Gracias.

- Cuando el caballero que se encuentra en el andén cuatro haya terminado su conversación telefónica, por favor, ¿podría decirnos cómo hace para tener cobertura aquí abajo, mientras que nadie más tiene? Gracias.

- ¿Podría la señorita que está bajando la escalera cerrar el paraguas? No suele llover en el metro.

A veces las situaciones que se dan en el metro son curiosas:
- Señoras y señores, lamento el retraso. Acabo de ser informado de que el motivo es que hay gente subida en el techo del tren que nos precede. (larga pausa). Sí, probablemente estén pensando algo parecido a lo que estoy pensando yo, pero eso es lo que me han dicho desde el control.

Fina ironía la que sigue:
- Eso es lo han adivinado: este ES el último tren de hoy. No habrá más trenes. Apílense ustedes. No habrá otro en cinco minutos, que va. Ustedes empujen y puede que lo consigan.

- Cuando abandonen el tren asegúrense de tener los codos preparados para que puedan llegar a la escalera antes que nadie. A propósito, esto era una ironía.
(el mismo conductor poco después)
- Eso es, mátense por los asientos. Total sólo se han pasado sentados todo el día.
(idem)
- No soy un asesino sanguinario devorador de bebés que vaya a tirar el tren a un precipicio. Una sonrisa sería algo estupendo.
(y apostilla)
- ¡Vamos, sonrían! Podría ser peor. Podrían estar volando en un avión y tener una trombosis.

Sin duda alguna unos cracks. Más en versión original aquí.

lunes, octubre 22, 2007

El navío Vasa

Pienso que objetivamente hablando está mal reirse de las tragedias humanas. Sin embargo mi cerebro se revela en ocasiones contra este axioma cuando me recuerdo la historia de un singular navío de la corona sueca bautizado "Vasa" (Wasa).

La navegación nunca ha sido sencilla, y solamente en el siglo pasado, gracias numerosos avances tecnológicos, se puede considerar que se consiguió la supremacía sobre el mar en lo tocante a moverse por su superficie. Pero antes no lo tenían tan facil.

Para ejemplificar esto vamos a retroceder un poco, más o menos hasta el año 1625. Por aquella época Suecia se encontraba en guerra con Polonia, y el rey Gustavo II se encontraba en la necesidad de conseguir la supremacía sobre el mar Báltico. Para ello acordó la construcción de cuatro navíos que se convirtieran en el terror del mar del norte. El primero de ellos fue bautizado como Wasen y se planeaba que fuera superior a cualquier navío visto antes. Es de notar, en palabras del almirante Carrero Blanco, que si bien la navegación ha cambiado mucho en el devenir de los siglos, este prurito acerca de la superioridad de las nuevas naves con respecto a las antiguas no lo ha hecho. En muchas ocasiones ha motivado mejoras y progreso y en otras sonados fracasos e incluso tragedias.

El caso es que el plan se aprobó e inmediatamente se inició la tarea en los astilleros de Estocolmo, y durante tres años se levantó un magnífico navío en ellos, impresionante tanto en lo tocante a artillería como en lo ornamental. De esta manera llegamos al verano del año 1628, con Estocolmo llena de banderas y celebraciones para festejar en viaje inaugural del mayor y más hermoso buque de la corona de Suecia que se hubiera visto nunca. Un vecino cualquiera del Estocolmo de 1628 se habría maravillado ante la arboladura que se elevaba más de cincuenta metros sobre la linea de flotación y las inmensas velas, ante el pan de oro y las numerosas esculturas que jalonaban la popa y proa del navío, y sobre todo ante las 64 portas (todas abiertas para la solemne ocasión) que mostraban cada una la boca de un cañón. Pero muy probablemente ni este vecino ni ningún otro sabían que las pruebas para testear la estabilidad del buque se habían suspendido porque el casco no había resistido la prueba de tener treinta tripulantes corriendo de una borda a otra (no os riais, no había otra manera de hacerlo) y había estado a punto de zozobrar a pesar de estar el barco en el puerto y la mar en calma. Las caras del almirante y de los mandos militares presentes debieron ser un poema.

Pero volviendo a la celebración, llegó el momento de partir, se dio orden de levar anclas, las majestuosas velas del navío se desplegaron, se hincharon y el inmenso Vasa comenzó a alejarse lentamente del puerto mecido por la suave brisa mientras sus cañones lanzaban salvas de saludo. Pero el caso es que, apenas navegada una milla, una racha de viento hizo escorar al barco más de lo recomendable y el agua comenzó a entrar por las portas de la batería inferior, que seguían abiertas. Poco después el Vasa zozobró y se fue al fondo.

Bueno, no parece demasiado impresionante, pero hay un epílogo a esta historia. Puede parecer un poco absurdo decir esto, pero ahora mismo el malogrado Vasa, si bien no consiguió un palmarés militar y marinero demasiado extenso (navegó poco más de un kilómetro antes de hundirse), tiene un inmenso valor histórico. El pecio fue reflotado en 1961 y conservado en un museo. Se rescataron multitud de objetos de toda índole y ahora mismo el Vasa es tan querido por el pueblo de Estocolmo como lo fue en 1628, aunque por razones bien distintas.

Se me ocurren varias reflexiones que hacer acerca de esta historia, pero hoy no me siento demasiado profundo, así que me voy a quedar con la anécdota. No puedo evitar sonreir al recordarla. Y sonrío aún más si cabe porque en la historia de la marina española hay un ejemplo similar; y no es otro que el navío Santísima Trinidad, el cual era un monstro que adolecía de los mismos problemas que el Vasa y que, aunque contaba con más artillería que ningún otro navío de la época, nunca fue una máquina de combate eficiente. En la época de Trafalgar contaba ya con dos reconstrucciones en su estructura, y aún así seguía siendo muy lento y extremadamente inestable.

Estos dos barcos son ilustrativos de un problema histórico. Pero de eso hablaré otro día.
Me voy a comer algo.

viernes, septiembre 21, 2007

Hay que tener fe

Imperator me dejó esta perla en los comentarios de la entrada anterior:

Puede haber momentos duros, puede haber períodos de estancamiento pero la nuestra es una historia de progreso y superación, reventando trabas una detrás de otra. Y tengo fe en que este planeta se nos quedará pequeño, y saldremos de él y llevaremos la antorcha de nuestros ideales a otros rincones del universo.

Sí. Sí y sí, rotundamente. Me encanta.
Intentar juzgar adecuadamente el presente nunca es sencillo porque nos falta perspectiva para ello. A fin de cuentas estamos inmersos en él. Pero me siento animado a dar a conocer mi personal ilusión acerca del futuro.

Yo tengo fe en que el ser humano conseguirá la sabiduría necesaria para encontrar su lugar en el universo sin necesidad de automutilarse, sin necesidad de sentirse esquizofrénico. Y que cuando lo haga podrá enfrentarse a cualquier pregunta o reto que venga porque tendrá todas sus facultades para hacerle frente. Porque habrá superado el reto de haber vencido sus propios fantasmas; tendrá la corona de laurel de haber sobrevivido a sí mismo.
Este es el legado que me gustaría dar a mis descendientes.

viernes, septiembre 14, 2007

Frase de Quino

"A mí lo que me preocupa es cómo nos estamos pareciendo a lo que no queríamos."


Esto no es nuevo. Hay veces en la vida en que nos miramos al espejo y descubrimos que, sutilmente y sin darnos cuenta, estamos derivando hacia esa roca que sobresale amenazante entre el oleaje. Las acciones propias, destinadas a evitarla no hacen más que acercarnos más a ella. Sí, no es algo nuevo.

Hace unos días estuve pensando acerca del papel de la moral en el mundo en el que vivo. Y bueno, se me cayó el alma a los pies.

Ese día leí un artículo de opinión de El País en el que tocaba varios temas importantes y profundos. De todo él me quedo con una idea que puede ayudar a averiguar cómo hemos llegado a la presente situación: el siglo XX ha servido, entre otras muchas cosas, para que el ser humano se asuste de sí mismo, se quede perplejo de las barbaridades y atrocidades de que es capaz, haciendo que abandone la idea de nuevos grandiosos proyectos y permitiendo que se haga un ovillo en el fondo de su cueva con jacuzzi. Dos guerras mundiales, el fracaso en el entendimiento entre los pueblos, el terrorismo como problema global... y aquí estamos, en el inicio de un nuevo siglo del que han pasado ya siete años y sin que haya habido ninguna mejora palpable en la situación, sino todo lo contrario.

El otro día ví 2010, Odisea dos, y me embargó la tristeza más profunda. No me sentí con fuerzas para ver 2001. Solamente me puse las escenas del mejor baile espacial de toda la historia:


Sí, hay erosión y cansancio. Lo noto en mí mismo y a mi alrededor. Nunca, jamás, he visto a tanta gente echar de menos los tiempos en que vivía el dictador, y lamentablemente no puedo achacarlo a la nostalgia de los que opinan eso. No, tiene que haber algo más. Nunca, jamás, he visto a tanta gente desorientada acerca de lo que está bien y lo que está mal, acerca de lo que es blanco o negro, acerca de el lugar que ocupamos en el universo y de lo que el universo opina de nosotros.

Nos estamos yendo, sin quererlo claro, pero nos estamos yendo de aquí. Nuestras piernas nos sostienen cada vez menos firmemente en esta tierra, debilitadas por siglos y siglos de darnos de cabeza con los mismos problemas y de seguir sin encontrar soluciones que podamos aplicar. No me extraña que cada vez estemos más dispuestos a creer lo que nos sirven por la tele, total... ¿qué más da creer en eso que en cualquier otra cosa? Es tan cansado pensar, es tan horrible saber que no sirve de demasiado... sí, es perfectamente entendible.

Yo he nacido cansado. Y llevo estando cansado todos los días de mi vida y sin saber por qué es así. Llevo estando cansado antes siquiera de saber lo que era estar cansado, pero es así. A veces tengo la sensación de que eso mismo es lo que le ocurre a todo el mundo a mi alrededor. Y cada vez el cansancio es mayor y la tolerancia es menor. Cada vez hay menos energía y menos lugar para las preguntas, para la mente inquisitiva, para intentar hallar las propias respuestas a la vida.

Escribo cansado, sabiendo que miles, cientos de miles de personas mejores y más capaces que yo se han sentido así, han buscado la respuesta y han fracasado. Siento las miradas de todos los grandes filósofos, de todos los grandes pensadores, observandonos desde el Hades, moviendo la cabeza con pesadumbre y pensando, pensando en si ha merecido la pena, en si el ser humano es merecedor de encontrar alguna vez alguna respuesta o si su destino es tener siempre la incertidumbre y el vacío llamando a la puerta de su casa.

Yo también me lo pregunto cada día.

miércoles, septiembre 05, 2007

Calle Melancolía

Una de las razones por las que me siento unido a esta ciudad es porque siento que cada calle puede ser en cualquier momento esa calle a la que cantaba el maestro de Úbeda. Puedo salir a buscar esa sensación en cualquier momento y sé que la ciudad me va a responder con una sonrisa triste y melancólica, con una sonrisa que recuerda las cosas buenas, buenas porque fueron, simplemente fueron una vez, ahí, y ahora ya no están.

Pero este fin de semana ha sido distinto. Ese misterioso ente que ha tocado con su mano tantas esquinas oscuras, tantas ventanas demasiado altas, tantas aceras y farolas, se ha venido a mi calle y se ha sentado a mirar mi puerta. Este fin de semana mi calle ha sido Calle Melancolía. Un lugar para el recuerdo, un espacio que te da espacio para echar de menos, menos que nada. Pero todo. Un vacío que va más allá del vacío entre cuatro paredes, donde tambien hay cuatro dimensiones, y donde la cuarta saca a la palestra su prerrogativa de recién llegada y viste su oscura y larga capa de gala que llega desde el ahora y se pierde a lo lejos, en el olvido. Nunca la cuarta dimensión Einsteninana ha tenido tanta importancia como aquí, en Calle Melancolía, donde se aparta de su origen relativo y relativista, donde es la dueña y señora absoluta del universo. Aquí, vestida en su capa hecha de hebras de recuerdos, se pasea entre las sombras que pueblan los pasillos, y se acuesta a mi lado, en mi cama alquilada.

Es hermosa. La abrazo, y ella me cubre con su capa, aunque sé que nunca me dará más calor que un recuerdo.